Page 365 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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iteraciones. Las paredes y el suelo empiezan a
temblar. El flanco del Aletargado sufre un espasmo.
Las escamas se rompen. Con un crujido
ensordecedor, la cámara se parte limpiamente por la
mitad. La luz diurna entra a raudales a través de la
inmensa fisura. Mieli agarra con fuerza al ladrón y
salta.
Se precipitan a través de la herida abierta en la carne
de la ciudad. A su alrededor llueven soluciones
biosintéticas, como sangre. Antes de darse cuenta
están fuera, en medio del bosque de patas de la
ciudad, deslumbrados por la intensa claridad.
Mieli despliega las alas para frenar su caída, los
envuelve en gevulot y emprende el vuelo de regreso
a la ciudad de los vivos.
Tengo el ánimo por las nubes cuando llegamos al
hotel.
Debajo del gevulot estoy cubierto de polvo y mugre,
mareado tras otro de los vuelos de Mieli, pero
exultante. Una parte de mí está pensando en qué fue
lo que poseyó a Unruh. Pero no tiene nada que hacer
frente a la mayoría, que sólo quiere festejar.
—Vamos —le digo a Mieli—. Tenemos que celebrarlo.
Lo dicta la tradición. Y ahora te has convertido en
ladrona honoraria. Aquí es cuando lo suelen pillar a
uno, por cierto; discutiendo a cuenta del botín, o
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