Page 443 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Eso último era broma —dice Pixil—. A medias.
Permanecen sentados en silencio unos instantes,
hombro con hombro.
—¿Lo ves? No era tan difícil. Deberíamos haberlo
hecho hace siglos. —Mira a Isidore—. ¿Estás triste?
Isidore asiente con la cabeza.
—Un poco.
Pixil lo abraza con fuerza. Las placas de la armadura
se clavan dolorosamente en el pecho de Isidore, que
le devuelve el abrazo de todos modos.
—Bueno. —Pixil se incorpora envuelta en un
estruendo metálico—. Tengo monstruos que matar. Y
tú tienes un ladrón que apresar, o eso me han contado.
—Sí, a propósito.
—¿Ajá?
—¿Recuerdas cuando dijiste que podías revelarme la
identidad del Caballero? ¿O también eso era broma?
—No hay bromas que valgan —replica Pixil,
blandiendo su espada—, ni en el amor ni en la guerra.
Isidore camina hasta el filo del Distrito de Polvo y
envía una comemoria al tzaddik. Sé quién eres, dice. A
continuación se sienta en una de las tumbonas de la
pequeña plaza, en el límite de la colonia, donde la
piedra se convierte en diamante.
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