Page 164 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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requeriría  una  pistola.  Karst  o  un  par  de  sus


              guardias  de  Seguridad  serían  suficientes,  y


              correrían menos riesgo de dañar algo vital en la

              Gilgamesh. Algo más vital que Holsten Mason.



              Intentó formular una pregunta inteligente, pero


              solo consiguió mascullar vagamente.



              —¿Oís eso? —dijo el hombre alto y delgado a los


              demás—. No quiere ir. ¿Qué os parece?


              —Scoles, en marcha —siseó el hombre que estaba


              en la puerta, el de la pistola. Los ojos de Holsten


              se desviaban todo el tiempo hacia el arma.



              Al  cabo  de  un  momento  se  encontró  colgado

              entre Scoles y la mujer, medio empujado y medio


              tirado con dificultad a través de la escotilla, con


              el pistolero en cabeza, apuntando con el arma a


              lo largo del pasillo. En un último vistazo antes de

              que  el  hombre  de  la  cara  paralizada  cerrase  la


              escotilla, Holsten vio que los paneles de estado de


              las cámaras de los demás tripulantes principales

              estaban apagados. Él era el único al que habían


              dejado durmiendo.



              —Que alguien me diga lo que está pasando —

              exigió, aunque le salió como un balbuceo.



              —Necesitamos  que…  —comenzó  a  decir  la


              mujer.



              —Cállate —zanjó Scoles, y la mujer se calló.












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