Page 230 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
P. 230
tan técnico que Holsten fue incapaz de seguirlo.
Pero era obvio que el trabajo llevaría un tiempo,
pues se trataba tanto de reprogramar como de
cortar físicamente las conexiones entre las
comunicaciones y el resto de los sistemas de la
lanzadera.
Al cabo de un rato, Holsten se durmió. Mientras
se adormilaba, pensaba en qué ridículo era
aquello, considerando el riesgo constante para su
vida e integridad física, combinado con el hecho
de que había estado fuera del mundo hasta hacia
poco durante cosa de un siglo. La suspensión y el
sueño no eran exactamente lo mismo, sin
embargo, y cuando la adrenalina fue
desapareciendo de su sistema, se quedó con una
sensación de vacío e intenso cansancio.
Lo despertó una mano en el hombro. Por un
momento, sacado de sueños que apenas podía
recordar, pronunció un nombre del viejo mundo,
el de alguien que había muerto una década antes
de embarcar en la Gilgamesh, y ahora llevaba
muerto varios milenios.
Y luego pronunció el nombre de Lain, porque
oyó una voz femenina, pero se trataba de Nessel,
la amotinada.
—Doctor Mason —dijo, con ese curioso respeto
que parecía profesarle—, están listos.
229

