Page 225 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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distancia antes de que pudieran acelerar lo
suficiente.
—¿Y hasta dónde exactamente pensáis llegar con
esta lata de sardinas? —lo desafió Lain—. ¿Qué
suministros tenéis? ¿Cuánto combustible?
—El suficiente. Y siempre supimos que este era
un viaje solo de ida —dijo sombríamente el
cabecilla de los amotinados.
—Ni siquiera conseguiréis llegar —le dijo Lain.
Inmediatamente, Scoles se abrió el cinturón de
seguridad y recorrió cayendo la corta distancia
que lo separaba de ellos, apoyando las manos en
los respaldos de los asientos. Sus movimientos
eran fluidos, tan practicados que demostraban
que Scoles se había entrenado bien antes de la
partida.
—Si la Gil no nos dispara, me pregunto cada vez
más para qué os necesitamos —comentó.
—Porque no debéis preocuparos de la nave. El
satélite que hay ahí fuera es un asesino. Él sí que
tiene una defensa láser que cortará esta barquita
en pedazos. El dispositivo de la Gil no es nada en
comparación.
—Por eso tenemos al estimado doctor Mason —
le dijo Scoles, flotando sobre ella como una nube.
—Tienes que dejarme manipular vuestros
sistemas. Tienes que darme acceso total y dejar
que arranque vuestro panel de comunicación. —
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