Page 257 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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Lucha en el cielo
Kern había cortado todo contacto, dejando que la
lanzadera de los amotinados siguiera adelante
hacia el planeta verde, recorriendo la vasta
distancia segundo a segundo. Holsten intentó
dormir, acurrucándose con incomodidad en un
asiento que estaba diseñado para proteger contra
las presiones de la deceleración y muy poco más.
Cayó en un sueño interrumpido, porque la
ausencia de Kern no había eliminado las
comunicaciones por radio. No sabía quién había
comenzado, pero todo el tiempo lo despertaba la
discusión que mantenían Karst (desde la
lanzadera que los perseguía) y quienquiera que
estuviera a cargo de las comunicaciones de los
amotinados en ese momento.
Karst, como siempre, se mostraba dogmático,
como la voz de la Gilgamesh respaldada por la
autoridad de la especie humana al completo (vía
su representante no elegido, Vrie Guyen). Exigió
su rendición incondicional; los amenazó con una
destrucción de la que incluso Holsten sabía que
las lanzaderas no eran capaces; invocó la ira del
satélite durmiente y, cuando todo lo demás falló,
se rebajó a dedicarles insultos personales. A
Holsten se le ocurrió que Guyen consideraba a
Karst responsable de la huida de los amotinados.
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