Page 262 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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—¡Porque necesitamos frenar si no queremos
hacer un gran agujero en el planeta cuando
intentemos aterrizar, imbécil! —gritó a su vez el
piloto—. ¡Ahora, poneos los cinturones!
Aficionados, pensó Holsten con horror creciente.
Estoy en una nave espacial que pretende aterrizar en
un planeta desconocido, y ninguno de ellos sabe lo que
está haciendo.
De repente la dirección de «abajo» se desplazó
hacia la parte delantera de la lanzadera, mientras
el piloto luchaba por reducir su velocidad.
Holsten se aferró a su asiento, deslizándose hacia
delante hasta que consiguió detenerse.
—El dron se aproxima rápidamente —informó
Nessel. Holsten recordaba con qué velocidad la
pequeña nave no tripulada había cruzado la
distancia entre la Gilgamesh y el planeta la vez
anterior.
—Escuchad —se oyó la voz desamparada de Lain
mientras se abría paso hacia la parte delantera,
mano sobre mano—, ¿se ha producido alguna
comunicación entre Karst y el satélite?
—¿Cómo? —exigió Scoles, y entonces un chirrido
ensordecedor surgió de los altavoces y todos se
llevaron las manos a los oídos, mientras Nessel
aporreaba los controles.
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