Page 337 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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Tocando el cristal con su vara metálica, Portia
baila siguiendo la música de la Mensajera
mientras esta pasa por el cielo; sus pasos
complejos describen a la perfección las
ecuaciones y sus soluciones. Como siempre, la
colma la incomensurable seguridad de que hay
algo ahí fuera; de que solo porque ahora no
pueda entender algo no significa que no pueda
ser entendido.
Algún día te comprenderé, dirige su pensamiento
hacia la Mensajera, pero ahora suena vacío. Sus
días estás contados. Los días de todas están
contados.
Se sorprende elaborando un pensamiento
herético: Ojalá pudiéramos enviarte nuestro propio
mensaje. El templo actúa celosamente contra esa
clase de pensamiento, pero no es la primera vez
que Portia ha sopesado esa idea. Sabe que otras
científicas, incluso sacerdotisas científicas, han
estado experimentado con algunos medios para
reproducir las vibraciones invisibles por las que
se propaga el mensaje. Públicamente, el templo
no puede respaldar tales intromisiones,
naturalmente, pero las arañas son una especie
curiosa, y las que se ven atraídas por el templo
son las más curiosas de todas. Era inevitable que
la flor de invernadero de la herejía acabase siendo
cultivada por las propias guardianas de la
Ortodoxia.
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