Page 416 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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Al principio, pensó que era un sueño sobre su
secuestro por parte de los amotinados. Se lo había
tomado con bastante flema hasta que se dio
cuenta de que la gente que lo estaba arrastrando
a lo largo de la Gilgamesh no eran Scoles y sus
camaradas largo tiempo muertos, sino completos
desconocidos. Entonces llegó a los dormitorios.
El olor lo asaltó, una peste enfermiza y
completamente desconocida que ni siquiera la
ventilación de la Gil había conseguido purgar.
Era el aroma de humanos conviviendo
estrechamente.
Tenía el borroso recuerdo de una antigua sala de
operaciones que ahora estaba decorada con telas
grises, una auténtica barriada de chabolas de
cortinas y compartimentos improvisados… y
gente, mucha gente.
Esa visión lo había conmocionado. Una parte de
él se había acostumbrado con agrado a ser parte
de una población pequeña y selecta, pero
percibió al menos cien rostros desconocidos en
ese breve momento. Su amontonamiento, la
estrechez de sus condiciones de vida, el olor, el
puro ruido ronco, todo se combinó para
producirle la sensación de enfrentarse a una
criatura hostil, feroz y dañina, que buscaba
consumirlo todo.
Había visto niños.
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