Page 56 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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confiando que el ojo y la mente calculen la
distancia y el ángulo.
Portia se arrastra hacia delante, evaluando
distancias: su rama conduce al vacío, y dedica un
minuto de cuidadosa atención a considerar si
puede saltar a la siguiente rama, hasta que decide
que no. Sobre ella las copas de los árboles forman
una red de ramitas que no sostendrían su peso.
Portia es mucho mayor que su diminuta
antepasada: medio metro desde los colmillos a
las glándulas hiladoras, la pesadilla de un
aracnófobo. Su exoesqueleto está reforzado por
cartílagos internos que solían servir solo para
ligar los músculos. Y estos también son más
eficientes: algunos de ellos expanden y contraen
su abdomen, aspirando aire activamente hacia
sus pulmones laminares en lugar de limitarse a
tomar oxígeno pasivamente. Esto permite
aumentar su metabolismo, regular su
temperatura y llevar una vida de acción rápida y
constante.
Por debajo queda el suelo del bosque, un lugar
donde no conviene aventurarse. Allí acechan
depredadores de mayor tamaño que Portia y,
aunque confía en su habilidad para evitarlos,
perdería mucho tiempo y el crepúsculo se acerca.
Examina los alrededores y sopesa sus opciones.
Tiene la excelente vista de la diminuta cazadora
de la que ha evolucionado. Los grandes orbes
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