Page 582 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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—¿Desde cuándo? —Se estaban acercando a él
lentamente, como si intentasen no asustar a un
animal nervioso, separándose para rodear el
ataúd estropeado y atraparlo.
—Desde que yo… Desde que Guyen… —Pero no
lo sabrían. Probablemente ni siquiera recordaban
quién era Guyen, o quizá se había convertido en
una figura diabólica de sus mitos. Estas personas
habían nacido en la nave, eran hijos de la
Gilgamesh. Su parloteo, los uniformes, su aspecto
de cuidada aptitud, todo era una representación.
No eran más que monos que imitaban a sus
superiores desaparecidos. La «nueva cámara de
suspensión» a la que lo llevarían, después de
destruir la auténtica, no sería más que una caja
con unos pocos cables colgando: un ataúd de un
culto del cargamento construido por salvajes
crédulos.
Buscó a su alrededor algo que pudiera usar como
arma. No había nada a mano. Se le ocurrió la loca
idea de despertar a otros miembros de la
Tripulación Principal, de sacar de la cámara al
hombre de Seguridad como si se tratase de una
especie de monstruo guardián que los asustase.
Pero no le parecía que sus perseguidores fueran
a esperar pacientemente mientras averiguaba
cómo hacerlo.
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