Page 228 - Seveneves -Neal Stephenson
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tan pronto como se quitó el casco.
Dinah sonrió. No es que lo de la sandez la
hiciese feliz. Cuando la cuestión era preservar la
especie humana y la herencia genética de la
Tierra, todo tufillo a sandez era una mala noticia.
Pero sí que sintió algo de alivio; en el fondo de su
cabeza ya llevaba semanas haciendo un recuento
de las sandeces. Allí nadie estaba dispuesto a
hablar, y había muchos que parecían más listos y
mejor informados que ella.
Conocía a Sean Probst por la información que
corría sobre él, por su firma en los cheques de su
sueldo y por los correos que le enviaba a las tres
de la mañana desde la zona horaria adonde lo
hubiese llevado su avión privado. Sean no se
inclinaba ante nadie en lo que a conocimientos
sobre el espacio se refería. Cuando entraba en una
estación espacial y gritaba «sandez» es que la cosa
iba a ser entretenida.
Uno de sus pocos aspectos atractivos era que
había llegado a la conclusión de que su
personalidad era un problema y, siguiendo el
clásico estilo «que lo arreglen», había contratado a
un entrenador que le enseñase a ser menos
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