Page 371 - Seveneves -Neal Stephenson
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Doob se aguantó las ganas de decirle al rey
que los tigres no volaban; en parte porque le
faltaba el aire. En realidad no le importaba la
plausibilidad de la historia, teniendo en cuenta la
sobrecogedora belleza del lugar por el que
caminaban. Una cosa era que te soltasen una
tontería religiosa en un desierto perdido que no
tenía ningún elemento que pudiese recomendarse
al turista. Pero por pasar unas horas caminando
con el rey de Shangri‐La estaba dispuesto a
soportar todos los cuentos de hadas y todas las
tonterías metafísicas que hiciese falta.
Cada poco rato aparecían templos y lugares
de devoción de entre la niebla. A medio camino se
detuvieron para disfrutar de un té en un pequeño
establecimiento con buenas vistas del Nido del
Tigre. Tav, ya definitivamente agotado, anunció
que no seguía. Doob, Mario y el rey atravesaron
una pasarela cada vez más precaria hasta las
puertas del monasterio. Como ya le había
informado el rey, no se podía visitar y, en
cualquier caso, tampoco sería un buen lugar para
una ceremonia, ya que era poco espacioso, oscuro,
laberíntico y antiguo. Los monjes ermitaños que
habitaban en las grietas de las montañas no solían
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