Page 575 - Seveneves -Neal Stephenson
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abundancia,  pero,  por  el  momento,  el  mundo  se


            acababa  con  una  floración  fractal  de  polvo  y


            gravilla, un apocalipsis en una cantera de grava.




                    —Acertaste  de  pleno  —le  dijo  alguien  a


            Doob—, cuando lo bautizaste como Cielo Blanco.




                    —Tener razón no siempre resulta satisfactorio


            —respondió.




                    A las pocas horas de la llegada de Bola Ocho,


            la tasa de fragmentación de bólidos superó todos



            los  límites  razonables  y  Doob  dejó  de  prestarle


            atención. La cifra ya debía de ser errónea. No era


            más  que  una  estimación,  resultado  de  un


            consorcio de observatorios, basada en la cantidad


            y distribución de la luz que surgía de la nube, y


            todas  las  suposiciones  empleadas  para  realizar


            ese cálculo habían quedado obsoletas.




                    Intentó  dirigir  el  telescopio  al  punto  donde



            deberían estar HM1, HM2 y Hoyuelo, los grandes


            hijos  ricos  en  metales  de  Hueso  de  Melocotón,


            pero no vio nada, excepto, posiblemente, algunos


            destellos  entre  la  densidad  de  la  nube,  quizá


            causados  por  rocas  que  se  estrellaban  contra  la


            superficie acerada de aquellos bólidos oscuros. Se


            preguntó si volvería a verlos.




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