Page 1018 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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salir de las estrechas calles, se expandieron en


              formaciones de muchos frentes, situándose con


              precisión militar profesional y cargaron contra


              los  de  pronto  desorganizados  y  asustados


              Puños, lanzando un tremendo grito de batalla.


              Cuando  el  sonido  recorrió  doscientos  pisos


              hasta los oídos de Nell, sintió que los pelos se le


              ponían  de  punta,  porque  no  era  el  grito


              profundo  y  lujurioso  de  un  hombre  sino  el


              chillido  agudo  de  miles  de  chicas  jóvenes,


              agudo  y  penetrante  como  el  sonido  de  una


              masa de gaitas.





                  Era la tribu de Nell, y había venido a por su


              líder. Nell se dio la vuelta y fue a la escalera.





                  Para cuando llegó a la planta baja y salió, poco


              sabiamente, al vestíbulo del edificio, las chicas


              habían  roto  las  paredes  en  varios  lugares  y


              habían  atacado  el  resto  de  las  defensas.  Se


              movían en grupos de cuatro. Una chica (la más


              grande) se dirigía al oponente, sosteniendo un


              palo de bambú afilado apuntando al corazón.


              Con  su  atención  fijada,  dos  chicas  (las  más


              pequeñas) convergían por los lados. Cada chica


              se abrazaba a una pierna y, actuando juntas, lo


              levantaban  del  suelo.  La  cuarta  chica  (la  más


                                                                                                   1018
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