Page 1023 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Pero como blanco, Cari Hollywood podría no


              superarlo nada bien. Era mejor estar al otro lado


              del  río,  en  Pudong,  con  el  resto  de  las  Tribus


              Exteriores.





                  De  allí  al  paseo  de  la  orilla  había  unas  tres


              manzanas; pero ya que era Shanghai, aquellos


              tres  bloques  estaban  fraguados  con  lo  que  en


              otra ciudad serían tres millas de complicaciones.


              El  problema  principal  iba  a  ser  los  Puños;  ya


              podía oír los gritos de «¡Sha! ¡Sha!» que venían


              de  las  calles,  y  usando  la  linterna  de  bolsillo


              desde la baranda del balcón pudo ver muchos


              Puños, envalentonados por la destrucción de las


              Tomas extranjeras, corriendo con los cinturones


              y bandas escarlata expuestos al mundo.





                  Si no midiese casi dos metros de alto y tuviese


              ojos  azules,  probablemente  hubiese  intentado


              disfrazarse de chino y escabullirse a la orilla, y


              probablemente le saldría mal. Fue al armario y


              sacó  el  gran  abrigo,  que  le  caía  casi  hasta  los


              talones. Era a prueba de balas y de la mayoría de


              los proyectiles nanotecnológicos.





                 Había una gran pieza de equipaje que había


              metido  en  el  armario  sin  abrir.  Al  oír  los


                                                                                                   1023
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