Page 490 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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minutos antes de recitar de pronto una serie de
números, que parecían producto del azar para sus
visitantes pero profundamente significativos y
perfectamente obvios al condestable.
El teléfono negro exhibía un disco de metal con
agujeros del tamaño de un dedo alrededor del
borde. El condestable atrapó el auricular con el
hombro y comenzó a meter el dedo en varios de los
agujeros, usándolos para girar el disco contra la
fuerza de un resorte. A eso siguió una breve pero
muy alegre conversación. Luego colgó el teléfono y
puso las manos sobre la barriga, como si hubiese
completado la tarea de forma tan completa que las
manos eran ahora sólo adornos superfluos.
—Tardará un minuto —dijo—. Por favor, tomaos
tiempo y no os queméis con el té. ¿Queréis tortas?
Nell no conocía esa delicia.
—No, gracias, señor —dijo, pero Harv, siempre
pragmático, dijo que podrían tomar un poco.
De pronto las manos del condestable
encontraron una nueva razón en la vida y
comenzaron a ocuparse explorando las oscuras
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