Page 492 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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meditó en alto sobre la estupidez de cualquiera que


              se metiese con un joven como Harv. Las armas aca‐


              baron  dentro  de  una  alacena,  que  el  condestable


              Moore cerró hablándole.





                 —Y ahora el libro, damisela —le dijo a Nell, con


              mucha amabilidad.





                 No quería separarse del libro, pero recordó a los


              chicos del parque que habían intentado quitárselo


              y que habían sido castigados, o algo así, por sus


              actos. Así que se lo dio. El condestable Moore lo co‐


              gió con cuidado en ambas manos, y un pequeño


              gemido de aprecio se le escapó de entre los labios.





                 —Debo informarle que en ocasiones hace cosas


              desagradables a la gente que intenta robármelo —


              dijo  Nell,  que  luego  se  mordió  los  labios,


              esperando  no  haber  dado  a  entender  que  el


              condestable Moore era un ladrón.





                 —Joven dama, me sorprendería si no lo hiciese.





                 Después  de  que  el  condestable  Moore  hubiese


              girado  el  libro  un  par  de  veces  en  las  manos,


              felicitando a Nell por la cubierta, las letras doradas


              y  el  tacto  del  papel,  lo  depositó  cautelosamente


              sobre la mesa, pasando primero la mano sobre la


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