Page 625 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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varios  asistentes  lo  llevaban.  Lo  cogió  con


              cautela. El señor Oda se señaló a sí mismo en la


              solapa y asintió, animándola a ponérselo.





                  Por el momento, ella lo dejó sobre la mesa.





                  —No  veo  nada  —dijo  finalmente  el  señor


              Beck,  aparentemente  para  beneficio  del  señor


              Oda—.  En  una  primera  aproximación,  está


              limpia.  —Miranda  comprendió  que  el  señor


              Beck había estado examinándola usando algún


              tipo  de  dispositivo  en  la  gafas  fenomenos‐


              cópicas.





                  Miranda todavía intentaba pensar en alguna


              respuesta desagradable cuando el señor Oda se


              inclinó  hacia  su  propia  nube  de  humo  de


              cigarro.





                  —Por lo que sabemos —dijo—, intenta usted


              realizar una conexión. Su deseo es muy fuerte.





                  Privados. La palabra también implicaba que


              aquellos  caballeros,  al  menos  en  sus  mentes,


              tenían alguna forma de ganar dinero por su falta


              de filiación tribal.





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