Page 639 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Nell pasó la página y lo vio, exactamente como


              decía el libro. Era una ilustración a dos páginas:


              un  dibujo  a  color,  supuso.  Cualquier  parte


              parecía tan real como cine. Pero la geometría del


              conjunto era extraña, tomando prestado algún


              truco superrealístico de la pintura china clásica


              de  paisajes;  las  montañas  eran  demasiado


              inclinadas, y se hundían infinitas en la distancia


              y,  si  Nell  miraba,  podía  ver  altos  castillos


              colgados de aquellos riscos imposibles, banderas


              coloreadas  meciéndose  en  los  palos  con


              imágenes heráldicas que eran dinámicas. El grifo


              se encogía, el león rugía, y podía ver todos esos


              detalles,  a  pesar  de  que  el  castillo  debería  de


              estar a kilómetros de distancia; cuando miraba


              algo  se  volvía  mayor  y  se  convertía  en  una


              imagen  diferente,  y  cuando  su  atención


              desaparecía  —cuando  parpadeaba  o  movía  la


              cabeza— volvía a ser la primera imagen.







                  Pasó mucho tiempo haciéndolo, porque había


               al menos docenas de castillos, y acabó creyendo


               que si seguía mirando y contando estaría por


               siempre  haciéndolo.  Pero  no  todos  eran


               castillos: había montañas, ciudades, ríos, lagos,








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