Page 637 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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que le colgaba de la cintura, sacando un puñado


              de cenizas de Púrpura y esparciéndolo tras ella.


              Cuando  se  detenía  a  descansar,  miraba  al


              desierto  ardiente  que  había  atravesado:  una


              planicie rojiza manchada con piedras volcánicas


              marrón rojizas, y trozos de aromáticos arbustos


              verdegrises que crecían como el moho del pan


              en cualquier lugar donde estuviesen a cubierto


              del viento eterno. Había esperado que una vez


              ascendida la cara de la montaña, se elevaría por


              encima  del  polvo,  pero  la  había  seguido,


              cubriéndole  los  labios  y  los  dedos.  Cuando


              respiraba, le picaba en su nariz reseca, así que


              había dejado de intentar oler nada. Pero al final


              de  la  farde  una  brisa  fresca  venía  de  los


              montañas  hasta  su  cara.  La  respiraba,


              intentando atrapar algo de aire frío antes de que


              se perdiera en el desierto. Olía a árboles de hojas


              perennes.  Al  recorrer  los  caminos  ondulados,


              vadeaba esas deliciosas corrientes de oiré una y


              otra  vez,  así  que  cada  vez  que  doblaba  un


              camino, sentía un incentivo para seguir hasta el


              siguiente. Los pequeños arbustos que se pega‐


              ban a las rocas y se encogían en las grietas se


              hicieron  más  grandes  y  numerosos,  y


              empezaron  a  aparecer  flores,  al  principio


              pequeñas  flores  blancas  como  puñados  de  sal


                                                                                                     637
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