Page 636 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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—No, Dios mío —dijo Miranda, empezando a
entenderlo. Por primera vez, creía que aquello
de lo que Beck y Oda hablaban, fuera lo que
fuese, era una posibilidad real. Lo que
significaba que estaba convencida en un noventa
por ciento; aunque sólo Beck y Oda lo sabían.
Había demasiado ruido para hablar. Un
hombre chocó contra la silla de Miranda y casi
se cayó sobre ella. Beck se puso en pie, dio la
vuelta a la mesa y extendió una mano,
pidiéndole que bailase. Miranda miró la
confusión dionisíaca que ocupaba el salón y
comprendió que la única forma de estar a salvo
era unirse a ella. Cogió el broche de libélula de la
mesa y siguió a Beck hasta la mitad del baile. Al
ponérselo, comenzó a parpadear, y creyó
apreciar un nuevo hilo entretejido en la canción.
Del Manual, la Princesa Nell entra en las
tierras del Rey Coyote
Durante toda aquella calurosa tarde Nell
negoció los innumerables caminos,
ocasionalmente llevando la mano hasta la bolsa
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