Page 638 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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arrojados sobre las rocas, luego grandes, azules,


              rojas  y  naranja  brillante,  repletas  de  néctar


              perfumado  que  atraía  a  las  abejas  llenas  de


              polen robado. Robles doblados y una densa y


              corta vegetación perenne proyectaban sombras


              diminutas  en  el  sendero.  Lo  línea  del  cielo  se


              acercó y los recodos del camino se hicieron más


              amplios a medida que las mantonas se hacían


              menos  inclinadas.  Nell  se  alegró  cuando  las


              curvas  se  acabaron  y  el  camino  se  hizo  recto


              atravesando  un  prado  ondulante  de  montaña


              lleno de brezos de flores púrpuras y marcado


              con  un  grupo  de  pinos ocasional. Durante un


              momento temió que ese prado no fuese más que


              una cornisa, y que le quedasen más mantonas


              que  subir;  pero  entonces  el  camino  se  dirigió


              hacia  abajo,  y  pisando  fuerte  mientras  nuevos


              músculos sostenían su peso, aceleró el paso por


              un  vasto  promontorio  repleto  de  pequeños


              charcos de agua clara y una zona ocasional de


              nieve  húmeda,  hasta  que  alcanzó  un  punto


              donde se escapó de sus pies y tuvo que pararse


              precariamente,  mirando  como  un  halcón


              peregrino a un inmenso país de lagos azules y


              montones verdes, envuelto en una tormenta de


              niebla plateada.






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