Page 730 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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—Descríbete a ti mismo —escribió Nell.





                 —Nada en espacial, me temo —escribió luego


              el duque—. ¿Cómo eres tú?





                 —Ligeramente  más  alta  que  la  media,


              resplandecientes ojos verdes, pelo negro como


              un cuervo que me cae en grandes olas hasta la


              cintura  a  menos  que  me  haga  un  moño  para


              resaltar mis mejillas y labios. Cintura estrecha,


              pechos  insolentes,  largas  piernas,  piel  de  ala‐


              bastro que se ruboriza intensamente cuando me


              apasiono por algo, lo cual sucede con frecuencia.





                 —Tu  descripción  me  recuerda  a  mi  difunta


              esposa, que Dios la tenga en su seno.





              —Háblame de tu esposa.





                 —El  tema  me  llena  de  una  tristeza  tan


              insoportable  que  no  puedo  escribir  sobre  ella.


              Ahora,  centrémonos  en  trabajar  sobre  la


              máquina de Turing.





                 Ya que la estrategia lasciva había fallado, Nell


              intentó  un  camino  diferente:  hacerse  la  tonta.


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