Page 861 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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como las arterias de un viejo que va a sentir su


              primer orgasmo en años.





                  Se limitó a pasar por el hotel, donde se llenó


              los bolsillos del abrigo con fajos de folios, una


              pluma, una caja plateada llena de cigarros como


              balas en una ametralladora, y algunos pequeños


              contenedores  de  nanomaterial  que  podía  usar


              para ajustar el funcionamiento del cerebro y el


              cuerpo.  También  cogió  un  pesado  bastón,  un


              verdadero báculo de mago lleno de aeróstatos


              de seguridad que le traerían de vuelta al hotel en


              caso de disturbios. Luego volvió una vez más a


              las calles, atravesando la multitud en poco más


              que un kilómetro hasta llegar a un salón de té


              donde había pasado muchas noches durante su


              ocupación  en  el  Parnasse.  La  vieja  señorita


              Kwan  le  dio  la  bienvenida  con  calor,


              inclinándose  muchas  veces  e  indicándole  su


              mesa favorita en la esquína desde la que podía


              ver la intersección de Nanjing Road y una pe‐


              queña calle lateral repleta de pequeños puestos


              de venta. Todo lo que podía ver ahora eran las


              espaldas  y  traseros  de  la  gente  en  la  calle,


              apretados contra el cristal por la presión de la


              multitud. Pidió una gran tetera de su té verde


              favorito, el más caro, recogido en abril cuando


                                                                                                     861
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