Page 858 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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historias  similares  para  contar  y,  para  cuando


              llegó  el  Interregno,  habían  formado  una


              comunidad  de  varios  cientos,  extendida  por


              unos  miles  de  kilómetros  cuadrados  de  tierra


              casi  salvaje  pero,  en  el  sentido  electrónico,  tan


              unida como una villa pequeña en el Viejo Oeste.


              Su  potencia  tecnológica,  riqueza  prodigiosa  y


              grandes  armas  los  convirtieron  en  un  grupo


              peligroso,  y  los  ocasionales  desesperados  que


              conducían  furgonetas  y  atacaban  un  rancho


              aislado  se  habían  encontrado  rodeados  y


              superados en armas con rapidez cataclismática.


              Al  abuelo  le  encantaba  contar  historias  sobre


              aquellos  criminales,  sobre  cómo  habían


              intentado excusarse por sus crímenes alegando


              desventajas económicas o que estaban infectados


              por la enfermedad de abusar de sustancias, y de


              cómo  las  Águilas  Solitarias  —muchos  de  los


              cuales  habían  superado  la  pobreza  o  la


              adicción—  los  habían  despachado  con  un


              pelotón  de  ejecución  y  los  habían  dejado


              colgados  alrededor  del  borde  de  su  territorio


              como  señales  de  NO  PASAR  que  incluso  los


              analfabetos podían leer.





                  La llegada del Protocolo Económico Común


              había calmado las cosas y, a ojos de los viejos del


                                                                                                     858
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