Page 856 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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mancharían el Huangpu y el Yangtsé. Ya fuese


              por  la  atmósfera  salvaje  o  la  perspectiva  de


              mojarse, detuvo a los porteadores justo antes de


              la  puerta  principal  para  cambiarse  de


              sombrero.  Las  cajas  de  sombreros  estaban


              apiladas en uno de los carritos; su bombín fue


              a parar a la caja menor situada en lo alto, que


              estaba  vacía,  y  luego  sacó  la  caja  mayor  del


              fondo,  desequilibrando  el  montón,  y  sacó  un


              Stetson de diez galones de increíble diámetro y


              extensión,  casi  como  un  paraguas  de  cabeza.


              Mirando a la calle, en la que una corriente ma‐


              rrón  arrastraba  suciedad,  polvo,  infecciones


              de  cólera  y  toneladas  de  nanomáquinas


              cautivas  hacia  los  desagües,  se  quitó  los


              zapatos de cuero y se los cambió por un par de


              botas de cowboy hechas a mano, fabricadas con


              pieles de aves y reptiles esplendorosos, cuyos


              poros  habían sido ocupados por bichos que le


              mantendrían los pies secos incluso si los metía


              en las alcantarillas.








                 Así reconfigurado, Cari Hollywood salió a las


              calles de Shanghai. Al salir por las puertas del


              Aeródromo, el abrigo se le hinchó bajo el viento


              frío  de  la  tormenta  e  incluso  los  mendigos  se



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