Page 376 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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había estrangulado al mestizo mientras dormía y le había
colgado de la rama para asustar a su hermano de raza y a mí
mismo, pero que yo no había entendido la advertencia.
Reconoció también haber dado muerte con un puñal al
enajenado Felipe Álvarez, porque había tenido miedo de que
asustara a los demás con sus aullidos e impidiese que la
partida llegara a su meta. Fray Joaquín quería saber de mis
labios por qué había renunciado a la fe en Jesucristo y al amor
de fray Diego de Landa por la superstición de los nativos y la
amistad de un maya que ni siquiera se lavaba.
Que afirmé, como respuesta, no haberme dejado guiar
por la voz del entendimiento, sino por la del corazón, y que
había llegado a persuadirme de que lo mejor sería que los
escritos indios que el guardián trataba de obtener se quedaran
ocultos en el lugar donde se encontraban, y que no era cosa
mía decidir su destino. Y que la Crónica del Porvenir que
tanto ansiaba fray Diego de Landa no había de ser para éste.
Que mis palabras inspiraron una cólera indecible en el
monje y que me escupió sobre la cabeza, me atribuyó la
imbecilidad y la tozudez del asno y me aseguró que entre los
manuscritos sustraídos debía de hallarse también el que
buscábamos, porque los hombres de confianza del guardián
recorrían Yucatán entero y se apropiaban de todos los escritos
satánicos con el fin de destruirlos, y que ninguno de éstos les
pasaría por alto. Que me maldecía y me deseaba una muerte
larga y llena de tormentos, porque, de acuerdo con su parecer,
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