Page 380 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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perecedera y vana. Su autor debía de haber querido
distraerse de los pensamientos sobre su cercana muerte,
que indudablemente le revoloteaban por el cerebro
como moscas en torno a un cadáver. En cualquier caso,
no había logrado levantar el velo que cubría el gran
secreto del fin del mundo... como mucho, lo había
atisbado por un diminuto resquicio.
Tal vez existiera otro capítulo, pero en éste no
encontraría nada más que la descripción exasperada y
cada vez más alucinada de las últimas horas del
moribundo conquistador español. Debía de encontrarse
sin fuerzas y tan desgraciado igual que yo. Había
seguido sus pasos por el mortífero laberinto, había
confiado plenamente en él, y había ido a parar a un
callejón sin salida donde una luz mortecina se reflejaba
sobre sus huesos blanqueados. No había nadie que
pudiera mostrarme el camino de salida, y los pesados
andares del Minotauro se oían cada vez más cerca...
¿Cómo había podido caer en esa trampa? ¿Por qué
había actuado con tanta ligereza? ¿Cómo no había
previsto el gran peligro, por qué no había escuchado las
advertencias, cómo no se había dado cuenta de la
doblez de fray Joaquín y de su muy orgulloso cómplice
Vasco de Aguilar? ¡Sus responsabilidades iban más allá
de su propia vida!
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