Page 381 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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Con un gesto de cólera, arrojé al suelo las páginas
del borrador de la traducción junto con los originales, y
arreé un puñetazo a la mesa con tanta fuerza que la
antigua madera crujió.
Toda la historia me parecía un juego diabólico que
demonios dormidos e ídolos polvorientos habían
jugado con el primero que encontraron en su camino
para escapar de su aburrimiento de siglos. Había
tratado de quedarme con lo que era de los dioses, y al
final no me quedaría ni con lo que era del César. El
Olimpo debía de divertirse a mi costa... Yo, por así
decirlo, era el elemento cómico en una tragedia cósmica
que avanzaba, imparable, hacia su desenlace.
Contemplé las hojas desparramadas por el suelo.
Habría querido escupirles encima. ¡Al diablo con los
indios muertos y sus incomprensibles charadas! ¡A
paseo con todas las pirámides, los espíritus que
moraban en la selva, los franciscanos que apestaban a
azufre y los sicarios en armadura! ¡Al fuego con todas
las crónicas, las profecías, los libros de corteza de árbol
y las estatuas de los ídolos!
La rabia acabó con el miedo y por eso me embutí la
cabeza dentro del gorro con orejeras y salí a la calle: era
Nochevieja y el frigorífico estaba tan vacío como un
museo comarcal.
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