Page 450 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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gorro de piel de cordero pasada de moda no hubiese
emergido una y otra vez sobre el mar de cabezas como
el corcho de una caña de pescar, lo habría perdido de
vista.
Me enterré en la inerte masa humana, me abrí
camino a codazos, pisé pies ajenos, ignoré gritos de
protesta y amenazas, todo con tal de alcanzar mi
objetivo. El gorro se alejaba por la corriente de cuerpos
humanos, se balanceaba sobre su superficie,
repetidamente se sumergía y volvía a emerger. Yo, por
el contrario, avanzaba a seis, a siete nudos, lo cual
habría estado muy bien para un tiburón. ¡Pero, por
extraño que pudiera parecer, no lograba reducir ni un
solo metro la distancia que me separaba del viejo! Una
sensación desagradable se adueñó de mí, como una
pesadilla en la que los músculos se quedan sin fuerza:
tratas de correr y mueves sin resultado unas piernas
como de goma, una tras la otra, sin lograr desplazarte.
De repente, el gorro‐boya hizo un movimiento
brusco, como sí un pez gigantesco lo hubiera mordido,
se alejó hacia la derecha y, sin más, desapareció de la
superficie. Traté de fijarme en el lugar por donde lo
había perdido de vista, salté a la calzada —donde un
ruidoso camión estuvo a punto de atropellarme— y
corrí en dirección paralela a la de la acera, como un pez
volador que brinca por la superficie del mar para
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