Page 454 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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tardaron en ocultarme el sonido de sus pasos, igual que
una tormenta de nieve esconde las huellas de los
caminantes.
Anduve sin rumbo durante un buen rato, hasta que
por fin me metí en un callejón sin salida y encontré una
puerta baja de madera bajo un pequeño tejado de
pizarra. La escalera que se hallaba en el interior no era
menos rara: tenebrosa, muy empinada, con los
peldaños estrechos, de no más de medio metro de
anchura. Pongo por testigo al todopoderoso Itzamná:
habría subido hasta el último escalón con tal de dar
alcance al viejo. Pero entonces vi al fondo una puerta
que se abría y cerraba bruscamente, como empujada
por un viento intranquilo, y me pareció que lo más
probable era que el viejo no hubiese subido por los
difíciles peldaños, sino que se hubiera metido por el
otro lado del edificio. ¡Lo seguiría por allí!
Abrí la puerta, salí afuera y me quedé pasmado.
Por increíble que pudiese parecer, el laberinto que
había en el patio me había llevado hasta el barrio de
Arbat, hasta el edificio de la antigua biblioteca infantil,
y, por tanto, hasta mi antigua agencia de traducción.
Tampoco estaba muy lejos de mi propia casa. ¡Regresar
desde allí no me llevaría ni la tercera parte del tiempo
que había tardado en llegar hasta la Akab Tsin! ¿Qué
hechizo podía ser aquél?
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