Page 122 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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cortaría el nuestro. La estrategia era obvia; si podían
pasar por debajo de nosotros y cortar nuestra
columna de aire, nos estrellaríamos. Ya estaban
haciendo lo posible por asegurar esa posibilidad,
apuntándonos con un láser. El primer disparo pasó
a un lado, errando por muy poco el blanco; pero con
la velocidad combinada de ambos vehículos y lo
accidentado del terreno, el ataque no rindió frutos.
Pusieron en acción un altavoz.
— ¡Ese vehículo! ¡Ese vehículo! ¡Alto o lo
destruiremos! Estáis violando el Tratado de El
Mahasset. Estáis en territorio de Nueva Angola.
¡Deteneos, o cortaremos vuestra columna de aire!
Respondimos con una aceleración; ya
estábamos casi en el punto donde nuestros
caminos se cruzarían. Puesto que nuestro vehículo
parecía una máquina civil, no teníamos armas con
las que defendernos. En el último momento, el
conductor se desvió a la derecha y nos deslizamos
muy bajo sobre un lecho de piedras y luego sobre el
mar, en medio de grandes cortinas de agua.
Miré atrás. El carro de combate, que no pudo
detener a tiempo su velocidad, pasó más allá de las
piedras y se hundió en el mar. Me reí y me volví
para ver si Thunderpeck se alegraba. Pero el doctor
había perdido el sentido.
Por primera vez me pregunté cómo habría
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