Page 174 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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por otros y para defenderse, se volvían hacia sus
propias personas. Hubo un tiempo en que creí que
éste era el único conocimiento que no tenía March
Jordill. Ahora ni siquiera sé si es un conocimiento.
Mi amo terminó esta extraña conversación
cuando la vieja viuda estalló en demoradas
lágrimas, en recuerdo de la muerte de su esposo.
Jordill se levantó, dio la espalda a sus sollozos,
colocó el ídolo de la Piel Humana en el parapeto
que corría alrededor del techo y miró la
muchedumbre que pasaba abajo. Entonces le cantó
estos versos, que escuché tantas veces que llegué a
memorizarlos, aunque él los cambiaba y
reordenaba según su voluntad:
¡Miraos unos a otros, personas!
No debisteis haber dejado de miraros
unos a otros, como animales ciegos
os convertiréis en sombras improbables
ajenos al trabajo de nacer
en la múltiple ausencia
de sus dioses, nadie os mira.
¡Miraos, gente de la Tierra, obras de la Tierra!
Mirad, mirad más, y con un cuchillo
abrid una conciencia.
Las brisas dispersaban las palabras, y antes de
que la canción terminara, un golpe de abajo lo llamó
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