Page 33 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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Debía haber estado en el puente, o haberme hecho

               reemplazar por alguno de los otros. A medida que

               los  cargueros  se  volvían  inútiles,  también  los


               hombres  eran  ya  casi  inútiles  en  los  barcos

               automatizados;  casi,  pero  no  totalmente.  El  paso

               final  en  la  automatización  no  había  sido  dado.


               Todos            habían           querido             darlo,          pero         algo

               profundamente enraizado en la mente humana les

               había impedido llegar a ese final lógico. El trabajo


               que  hacíamos  yo  y  mi  magra  tripulación  era

               marginal,  y  hubiera  sido  efectuado  con  más


               eficacia por los cibos y robots. Quizás había algo

               demasiado escalofriante en la idea de los grandes

               barcos  grises  surcando  los  mares  sin  una  figura


               humana,  por  inútil  que  fuera,  en  su  puente  de

               mando.


                      De  modo  que  existíamos  como  parásitos,

               perturbando  más  que  facilitando  las  labores  del

               barco.  Este  sentimiento  de  inutilidad  aumentaba


               cuando  llegábamos  a  un  puerto.  En  los  viejos

               tiempos un puerto era un lugar laborioso —he leído

               sobre ellos—, quizá sucio, pero humano. Ahora un


               muelle es una gran boca de metal. Se entra en él y la

               maquinaria  lo  traga  a  uno.  Las  máquinas  nos

               desembarcan,  las  máquinas  nos  escupen  nuevas


               instrucciones.  Las  máquinas  se  ocupan  de

               devolvernos a bordo a la hora de partir.


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