Page 114 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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expresar. Jugué con fuerzas que no comprendía y
ya has visto el resultado. Helen Vaughan hizo bien
al ceñirse la soga al cuello y ahorcarse, aunque su
muerte fuese horrible. El rostro ennegrecido, la
espantosa forma encima de la cama, cambiando
delante de tus ojos, de mujer en hombre, de
hombre en bestia, y de bestia en algo todavía peor,
todo ese extraño horror de que fuiste testigo,
apenas me sorprende. Lo que dices que vio y
estremeció al médico que mandaste llamar, yo ya
lo había observado hace tiempo; comprendí lo que
había hecho en el preciso instante en que nació la
criatura, y cuando apenas contaba cinco años la
sorprendí, no una o dos sino varias veces, con un
compañero de juegos, ya te puedes figurar de qué
especie. Para mí fue un constante horror
encarnado y, al cabo de unos años, sintiendo que
no podía soportarlo más, despedí a Helen
Vaughan. El resto de esta extraña historia, y todo
lo demás que, según me has contado, ha
descubierto tu amigo, he logrado saberlo poco a
poco, casi hasta el último capítulo. Ahora Helen
está con sus compañeros…
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