Page 113 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Recordarás a Mary. Ella fue la madre de Helen
Vaughan, la cual nació nueve meses después de
aquella noche.
Mary jamás recobró la razón. Permaneció todo el
tiempo en la cama, tal como la viste, y falleció
pocos días después de que naciera la niña. Creo
que al final me reconoció. Yo estaba de pie junto a
su lecho y por un segundo su antigua mirada
volvió a asomar a sus ojos; luego se estremeció,
profirió un gemido y falleció. No estuvo nada bien
lo que hice aquella noche en que estuviste
presente; abrí de par en par las puertas de su alma,
sin saber ni preocuparme por lo que pudiera entrar
en ella. Recuerdo que en aquella ocasión me dijiste,
bastante bruscamente, pero también con bastante
razón en cierto sentido, que había arruinado la
razón de un ser humano con un experimento
estúpido, basado en una teoría absurda. Hiciste
bien en censurarme, aunque mi teoría no era del
todo absurda. Mary vio lo que yo dije que vería,
pero me olvidé de que ningún ojo humano puede
contemplar impunemente semejante visión. Y
también olvidé, como acabo de decir, que cuando
las puertas del alma se abren de par en par puede
entrar por ellas algo para lo que no tenemos
nombre, y la carne humana puede convertirse en
simple envoltura de un horror que no me atrevo a
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