Page 109 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
P. 109

contemplé  el  prado  donde  antaño  se  alzara  el


            antiguo templo del « Dios de las Profundidades» ,



            y  divisé  una  casa  que  relucía  al  sol.  Era  la  casa


            donde  vivió  Helen.  Permanecí  varios  días  en


            Caermaen. Comprobé que la gente del lugar sabía


            muy poco y sospechaba todavía menos. Aquellos


            con  quienes  hablé  del  asunto  parecieron


            sorprenderse  de que  un anticuario  (como  tal me


            presenté) se preocupara de una tragedia rural, de



            la que en el pueblo daban una versión tan tópica;


            y,  como  puedes  imaginar,  nada  dije  de  lo  que


            sabía.  Pasé  la  mayor  parte  del  tiempo  en  el


            inmenso bosque que se alza sobre la aldea y trepa


            por  las  laderas  para  luego  descender  al  río  que


            riega el valle; otro valle delicioso, Raymond, como


            aquel que contemplamos cierta noche de verano,


            mientras paseábamos sin rumbo por delante de tu


            casa. Durante más de una hora anduve extraviado



            por  el  laberinto  del  bosque,  torciendo  ora  a  la


            derecha,  ora  a  la  izquierda,  recorriendo  largos


            senderos bordeados de maleza, sombríos y frescos


            aún  bajo  el  sol  del  mediodía,  y  deteniéndome  a


            descansar bajo los enormes robles o tumbándome


            en la hierba de un claro, donde, con el viento, me


            llegaba  el  fragante  y  vago  aroma  de  las  rosas



            silvestres, mezclado con el penetrante perfume de


            los saúcos, parecido al olor de la habitación de un

                                                                                                          108
   104   105   106   107   108   109   110   111   112   113   114