Page 168 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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interior deslumbraban y relucían, y resplandecían


            incluso  en  mi  corazón.  Mi  esposa  solamente  me



            pidió una cosa: que la matara cuando finalmente


            sucediera lo que yo le había contado. He cumplido


            esta promesa» .



              No había nada más. Dyson dejó caer el pequeño


            libro  y  volvió  a  mirar  de  nuevo  el  ópalo  con  su


            llameante  luz  interior,  y  luego,  con  el  corazón


            embargado de indecible e irresistible horror, cogió


            la  joya,  la  arrojó  al  suelo,  y  la  pisoteó  con  sus


            tacones. Mientras se alejaba su rostro palideció de


            terror  y,  por  un  momento,  se  sintió  enfermo  y



            tembloroso,  y  luego  con  un  sobresalto  cruzó  la


            habitación  y  se  apoyó  contra  la  puerta.  Podía


            escucharse un siseo amenazador, como un escape


            de vapor a elevada presión, y al mirar, inmóvil, la


            joya,  vio  que  de  su  mismo  centro  brotaba


            lentamente un denso reguero de humo amarillo,


            que  subía  en  espirales  en  forma  de  serpiente.



            Entonces, del humo brotó una tenue llama blanca


            que  ardió  vertiginosamente  y  desapareció  en  el


            aire;  y  en  el  suelo  quedó  una  especie  de  ceniza


            negra que se pulverizaba al tacto.


                          LA NOVELA DEL SELLO NEGRO



                     RELATADA POR LA JOVEN DAMA EN


                                        LEICESTER SQUARE




                                                                                                          167
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