Page 164 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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había  asomado.  Mis  estudios  profesionales,  sin


            embargo, y la necesidad de obtener un título, me



            obligaron  por  algún  tiempo  a  posponer  mis


            investigaciones  secretas,  y  poco  después  de


            doctorarme conocí a Agnes, que se convirtió en mi


            esposa. Alquilamos una casa nueva en este remoto


            suburbio,  y  comencé  la  habitual  rutina  de  una


            discreta  práctica,  y  durante  algunos  meses  viví


            bastante  feliz,  participando  en  la  vida  que  me



            rodeaba y pensando sólo en raras ocasiones en esa


            ciencia  oculta  que  una  vez  me  había  fascinado.


            Conocía  lo  suficiente  acerca  de  los  caminos  que


            había empezado a transitar como para saber que


            eran difíciles y peligrosos, que en su perseverancia


            implicaban  con  toda  probabilidad  la  destrucción


            de la vida, y que conducían a regiones tan terribles


            que la mente humana retrocedía horrorizada con


            solo  pensarlo.  Además,  la  tranquilidad  y  la  paz



            que había gozado desde que me casé me habían


            alejado en gran parte de lugares donde sabía que


            no podía haber paz. Pero súbitamente —creo de


            veras  que  fue  producto  de  una  sola  noche,


            mientras  yacía  sobre  la  cama  contemplando  la


            oscuridad—, súbitamente, decía, el viejo deseo, el


            pasado  anhelo,  volvió,  y  lo  hizo  con  una  fuerza



            que,  en  su  ausencia,  se  había  intensificado  diez


            veces.  Cuando  despuntó  el  día  y  me  asomé  a  la

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