Page 165 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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ventana, viendo con ojos extraviados la salida del


            sol  por  el  este,  supe  que  mi  destino  estaba



            marcado;  que  al  haber  llegado  tan  lejos,  ahora


            debía ir todavía más allá con paso firme. Volví a la


            cama  donde  mi  esposa  dormía  apaciblemente,  y


            me  acosté  de  nuevo,  derramando  amargas


            lágrimas, pues el sol se había puesto sobre nuestra


            existencia  feliz  para  cernirse  como  una  horrible


            amenaza sobre ambos. No pondré aquí por escrito



            con todo detalle lo que siguió; aparentemente fui a


            mi trabajo como antes y no dije nada a mi esposa.


            Pero  pronto  ella  notó  que  yo  había  cambiado;


            pasaba  mi  tiempo  libre  en  una  habitación  que


            había equipado como un laboratorio, y a menudo


            me deslizaba escaleras arriba en el gris amanecer,


            cuando todavía brillaban sobre Londres las luces


            de innumerables farolas; y cada noche me acercaba


            más  a  esa  gran sima que  iba  a salvar, el  abismo



            entre  el  mundo  consciente  y  el  mundo  material.


            Realicé  numerosos  experimentos  de  índole


            complicada, y pasaron algunos meses antes de que


            me diera cuenta de la dirección en que apuntaban;


            cuando, por un momento, los pude probar en mí


            mismo,  sentí  que  mi  rostro  palidecía  y  que  mi


            corazón  enmudecía  dentro  de  mí.  Pero  hace  ya



            tiempo que perdí la facultad de volverme atrás, la


            facultad de detenerme ante las puertas que ahora

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