Page 356 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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amistosos desconocidos, tableros desnudos, olor a
tinta y gramática. Pero tras consultar con su
antiguo compañero de facultad Jim Newman, este
sabio le aconsejó renunciar a su proyecto y
abandonarlo sobre la marcha. Newman señaló en
primer lugar que la enseñanza no era rentable a
menos que estuviese combinada con el
alojamiento. Dijo que todo saldría bien, y más que
bien; y supuso que mucha gente que
corrientemente regentaba hoteles con sumo gusto
se dedicaría a practicar su misterioso arte bajo
normas docentes.
—Sabes, no necesitas gastarte mucho en
mobiliario. No hace falta que los chicos se hagan
sibaritas. Además, no hay nada que un muchacho
en su sano juicio odie más que la falta de
ventilación: lo que quiere es aire puro, y en
abundancia. Y como sabes, viejo amigo, el aire
puro es bastante barato. Y en cuanto a la comida,
en un hotel ordinario es conveniente preocuparse
de si es comestible; pero en un hotel de los que
estamos hablando, un pequeño accidente en el
buey o el cordero proporciona una excelente
oportunidad para ejercitar la virtud de la
abnegación.
Last oyó todo esto con una mueca lúgubre.
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