Page 472 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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diácono dio un grito, y el sacerdote y los fieles
cayeron de rodillas, pues creían haber escuchado
dentro de sí un coro que cantaba: « Aleluya,
aleluya, aleluya» . Y cuando dejaron de sonar las
campanas de la torre, se oyó el sonido
estremecedor de la campana de Sión, y el velo
dorado de la luz solar atravesó la puerta y cayó
sobre el altar, y las voces celestiales comenzaron a
entonar sus melodías.
Una voz como una trompeta gritó desde el
interior de aquel resplandor: —Agyos, agyos,
agyos.
Y la gente, como movida por antiguos recuerdos,
replicó:
—Agyos yr Tâd, agyos yr Man, agyos yr Yspryd Glan,
Sant, sant, sant, Drindod sant vendigeid. Sanctus
Arglwydd Dduw Sabaoth, Dominus Deus.
Hubo una voz que gritó y cantó desde dentro
mismo del altar. La mayor parte de la gente
recordaba vagamente haberla oído en las capillas;
era una voz ascendente y descendente que se
elevaba en modulaciones atroces que sonaban
como la trompeta del Juicio Final. La gente se daba
golpes de pecho, y por sus mejillas caían lágrimas
cual lluvia en las montañas; los que pudieron, se
postraron ante aquel velo esplendoroso. Después
dijeron que los habitantes de las montañas, a más
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