Page 473 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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de veinte millas de distancia, oyeron ese grito y ese
cántico, transportados por el viento, y se
postraron, exclamando: « La ofrenda se ha
cumplido» , sin que nadie supiera lo que decía.
Hubo algunos que vieron salir por la puerta del
santuario a tres personas, que permanecieron de
pie unos instantes en el estrado de delante de la
puerta. Los tres llevaban vestiduras de color rojo
como la sangre. Uno de ellos se adelantó a los otros
dos, miró hacia poniente y tocó la campana. Y
dicen que todas las aves del bosque, todas las
aguas del mar, todas las hojas de los árboles, y
todos los vientos de las montañas, elevaron sus
voces, acompañando al tañido de la campana. Y los
otros dos se miraron el uno al otro. Y mientras el
segundo sujetaba el altar desaparecido que antaño
llamaban « Zafiro» , que era como del color
cambiante del mar y el cielo, como una mezcla de
oro y plata, el tercero elevó sobre ese altar un cáliz
rojo con la sangre de la ofrenda.
Y el viejo párroco gritó entonces ante la entrada:
—Bendigeid yr Offeren yn oes oesoedd (Bendita sea la
Ofrenda por los siglos de los siglos).
La Misa del Santo Grial había terminado y
entonces empezaron a abandonar esta tierra las
personas y objetos sagrados que habían regresado
a ella al cabo de tantos años. Al parecer muchos de
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