Page 477 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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que durante aquellos nueve días, y en especial
después de que todo acabara, nunca más hubo un
hombre cansado o desesperado en Llantrisant, ni
en toda la región circundante. Pues si un hombre
creía que un trabajo, físico o mental, iba a ser
demasiado para sus fuerzas, de repente le invadía
un cálido resplandor y un escalofrío, y se sentía tan
fuerte como un gigante, y más feliz de lo que había
sido en toda su vida, de modo que tanto el abogado
como el cercador disfrutaron de la misión
encomendada a cada uno, como si fuera un juego.
Y mucho más asombroso que este o cualquier otro
prodigio fue la indulgencia, ejercitada con amor.
Hubo reuniones de antiguos enemigos en la plaza
del mercado y en la calle que hicieron levantar las
manos a la gente y declarar que era como si uno se
paseara por las milagrosas calles de Sión.
¿Y qué pasa con los « fenómenos» , cuya presencia
calificamos, en el lenguaje corriente, de «
milagrosa» ? ¿Qué sabemos de ellos? La pregunta
que siempre me he planteado surge de nuevo: ¿es
posible que las viejas tradiciones sobrevivan en
una especie de latente, o letárgico, estado de
semiinconsciencia? En otras palabras, ¿acaso la
gente « vio» y « oyó» lo que esperaba ver y oír?
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