Page 24 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Dard Kelm mostró el uso de los dispositivos en una
habitación típica. Eran los que uno hubiese esperado en,
digamos, el año 2000 d.C: mobiliario discreto a medida
para que encajase perfectamente, cabinas de aseo,
pantallas que daban acceso a una enorme biblioteca de
imágenes y sonidos grabados para el entretenimiento.
Nada demasiado avanzado. Cada cadete tenía una
habitación propia en el edificio «dormitorio»; las comidas
se tomaban en el refectorio central, pero podían
celebrarse fiestas privadas. Everard notó evaporarse la
tensión.
Se celebró un banquete de bienvenida. Los platos eran
familiares, pero no así las máquinas que venían rodando
a servirlos. Hubo vino, cerveza y una amplia provisión de
tabaco. Quizá habían puesto algo en la comida, porque
Everard se sentía tan eufórico como los otros. Acabó
tocando un boogie al piano mientras media docena de
personas llenaban el aire con patéticos intentos de cantar.
Sólo Charles Whitcomb se mantuvo a distancia,
bebiendo triste de un vaso, en una esquina. Dard Kelm se
comportó con tacto y no intentó obligarlo a unirse al
grupo.
Everard decidió que aquello iba a gustarle. Pero el
trabajo, la organización y los propósitos seguían en la
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