Page 262 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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hablaban.  De  vez  en  cuando  uno  de  ellos  se  levantaba

           para mantener el pequeño fuego. Con el tiempo también


           se hizo el silencio entre sus compañeros. Incluso aquella

           correosa  hueste  se  cansaba;  los  hombres  se  fueron  a

           dormir, los  miembros del puesto avanzado movían los


           ojos  somnolientos,  otros  fuegos  ardieron  hasta

           consumirse mientras las estrellas titilaban en el cielo, un

           coyote aulló a kilómetros de distancia. Everard protegió


           a Sandoval contra el frío; las llamas del fuego revelaban

           escarcha  sobre  las  hojas  de  artemisa.  Se  arrebujó  en  la

           capa y deseó que al menos sus captores le permitiesen

           tener la pipa.



                 Unos  pies  pisaron  la  tierra  seca.  Los  guardias  de


           Everard cogieron flechas para los arcos. Toktai entró en la

           luz, con las cabeza desnuda sobre un manto. Los guardias

           se inclinaron y retrocedieron hacia las sombras.



                 Toktai se detuvo. Everard levantó la vista y la volvió

           a bajar. El Noyon miró a Sandoval un buen rato. Al final,


           casi con amabilidad, dijo:



                 —No creo que tu amigo viva hasta la próxima puesta

           de sol.



                 Everard soltó un gruñido.



                 —¿Tienes alguna medicina que pueda ayudarle? —

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