Page 261 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
P. 261

7







                 A la puesta de sol, el ritmo despiadado había llevado


           a la expedición hasta una zona de artemisa y árbol de la

           grasa.  Las  colinas  eran  altas  y  marrones;  los  cascos

           levantaban  polvo;  los  arbustos,  de  un  verde  plateado,

           eran  escasos  y  endulzaban  el  aire  cuando  los  rozaban,


           pero poco más.



                 Everard ayudó a colocar a Sandoval en el suelo. Los

           ojos  del  navajo  estaban  cerrados,  su  rostro  hundido  y

           caliente. En ocasiones se agitaba y murmuraba un poco.


           Everard  le  echó  agua  sobre  los  labios  agrietados

           escurriendo  un  trapo  empapado,  pero  no  podía  hacer

           nada más.



                 Los mongoles levantaron el campamento con mayor


           alegría  que  antes.  Habían  derrotado  a  dos  poderosos

           hechiceros y no habían sufrido más ataques. Poco a poco,

           iban comprendiendo lo que eso implicaba. Se dedicaron

           a sus labores hablando unos con otros y, después de una


           comida frugal, sacaron los pellejos de kumiss.



                 Everard  permaneció  con  Sandoval  cerca  del  centro

           del  campamento.  Dos  guardias  lo  vigilaban.  Estaban

           sentados  con  los  arcos  listos  a  escasos  metros,  pero  no

                                                                                                         261
   256   257   258   259   260   261   262   263   264   265   266