Page 257 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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—Por favor. —Li parecía dolido. Agitó una mano
fina, como si alejara un insecto—. Decidle a Toktai lo que
queráis y no interferiré. No me entristecería volver a casa;
vine sólo por orden imperial. Pero nosotros dos,
hablando en confianza, será mejor que no insultemos
nuestras respectivas inteligencias. ¿No entendéis,
eminente señor, que no hay daño posible con el que
podáis amenazar a estos hombres? Desprecian la muerte;
incluso la tortura más lenta acabará matándolos; incluso
la más deshonrosa mutilación nada es para un hombre
dispuesto a morderse la lengua y morir. Toktai considera
una vergüenza eterna regresar en este momento y ve una
buena oportunidad de gloria eterna e incontables
riquezas si continúa.
Everard suspiró. Su propia humillante captura había
sido el punto de inflexión. Los mongoles casi se habían
rendido ante el espectáculo de truenos. Muchos se habían
arrastrado y gemido (y a partir de ahora serían más
agresivos para borrar el recuerdo). Toktai cargó contra la
fuente de su miedo tan lleno de horror como de desafío;
unos pocos hombres y caballos habían podido llegar. Li
era en parte responsable de ello: estudioso, escéptico,
familiarizado con los engaños y los espectáculos
pirotécnicos, el chino había animado a Toktai a atacar
antes de que uno de los truenos cayese demasiado cerca.
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