Page 307 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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—Hablaré con mi tío —prometió—, pero incluso si

           puedo convencerlo, es sólo un hombre en el Consejo. La


           idea  de  lo  que  vuestras  armas  podrían  hacer  si  las

           tuviésemos ha vuelto locos a los hombres.



                 Se puso en pie. Everard le cogió ambas manos —eran

           cálidas y suaves entre las suyas— y le dedicó una sonrisa


           torcida.



                 —Alégrate, niña —dijo en inglés.



                 Ella se estremeció, se liberó y volvió a hacer el gesto.



                 —Bien —preguntó Van Sarawak cuando se quedaron

           solos—, ¿qué descubriste? —Cuando se lo hubo dicho se

           acarició  la  barbilla  y  murmuró—:  Esa  chica  era  una


           gloriosa  colección  de  curvas.  Podría  haber  mundos

           peores que éste.



                 —O  mejores  —dijo  Everard  con  brusquedad—.  No

           tienen  bombas  atómicas,  pero  apuesto  a  que  tampoco

           disponen de penicilina. Nuestro trabajo no es jugar a ser


           Dios.



                 —No. No, supongo que no. —Suspiró el venusiano.












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